Antiguamente, una vez obtenido el aceite esencial, este se continuaba tratando, mezclando y trabajando para obtener, no sólo una medicina sagrada, sino también ampliar sus efectos.
Los tratamientos de los aceites eran clave para lograr un aceite esencial sagrado.
El aceite más utilizado y famoso de Egipto era el Kyphy, que mezclaba hasta 16 ingredientes y se amasaba en pequeñas bolas que se quemaban o se disolvían para los ungüentos y perfumes.
Utilizaban grasas de animales y aceites vegetales de base para estos tratamientos.
Tratamientos fijadores: Para que el aroma durase más, se mezclaban las esencias con resinas (terebinto, pino) o especias, que actuaban como fijadores naturales.
Tratamientos de resinas: las resinas duras se machacaban hasta convertirlas en polvo muy fino. Luego se calientan suavemente en un aceite, haciendo que liberen sus propiedades antisépticas y aromáticas. Además estas resinas servían como “agarre” para dar peso y consistencia y para aunar los aromas de las esencias.
Maceración solar: Muchos aceites se dejaban en recipientes bajo el sol durante 40 días.
Maceración a la sombra: Tras mezclar el aceite con la resina, se guardaban en sótanos, o se enterraban, manteniendo una temperatura estable, durante un tiempo, permitiendo que todos los aromas y todas las propiedades se unieran y profundizaran.


