Para Paracelso, el médico del espíritu, el ser humano, al igual que todo en la naturaleza, tiene una estructura triple:
Corpus: un cuerpo material
Anima: un alma
Spiritus: el espíritu
La mayoría de las enfermedades nacen en el alma y finalmente se manifiestan en el cuerpo.
El alma, para Paracelso, no es un concepto religioso, sino una realidad vida, una fuerza que une el espíritu a la materia. El alma es la mediadora y gobierna las emociones, los deseos, los miedos y las pasiones.
El alma es el médico del cuerpo, y si está en desorden, ningún remedio ayudará.
Paracelso creía firmemente que las emociones enfermaban. La tristeza prolongada debilitaba los órganos, el miedo ataca la energía vital, la ira envenena la sangre y el duelo estanca las ganas de vivir.
El alma no es intrínseca del ser humano, también está en el reino animal, vegetal y mineral, uniendo siempre el espíritu divino con la materia, como un puente directo entre Dios y su creación.
Cuando el médico logra conectar con el alma de la planta y extraer su sabiduría, esta ayuda a aliviar el alma humana, por ejemplo, el olivo devuelve la paz interior, el granado reactiva la fuerza vital…
El alma es un horno alquímico, un lugar de transformación donde el sufrimiento se puede convertir en conciencia y sabiduría, la enfermedad en conocimiento. Así, quien se transforma a sí mismo, puede transformar el mundo.
Para Paracelso, escuchar al alma del otro consiste en:
- Observar las emociones antes que los síntomas
- Escuchar antes que prescribir
- Acompañar y no solo curar


